Cómo nos relacionamos en pareja.

Publicado en 08/05/2016 por en Programa Enrédate en el Aula

Como hemos visto en los post anteriores, desde muy pequeños y pequeñas se nos educa según nuestro sexo en el papel que la sociedad espera de nosotros y nosotras. Hemos visto cómo esta educación marcada por el género va a hacer que nos comportemos de una determinada manera y que veamos como natural ciertos comportamientos, tanto en chicos como en chicas. “Los niños no lloran”, “las señoritas no salen solas” etc…
Hemos visto también cómo se nos enseña el amor mitificado asignando actitudes y roles diferenciados a los chicos y las chicas asignando también papeles diferentes en sus relaciones sexuales, (las chicas se les impone un papel más pasivo y a los chicos activo)
Pues bien hoy te proponemos reflexionar sobre cómo se nos enseña a relacionarnos en pareja.
Como ya hemos dicho anteriormente, a los chicos se nos enseña a ser hombres con unos determinados valores, nuestros juegos están llenos de violencia, predomina la competitividad, la dominación, el control de las situaciones, y a las chicas se les enseña a cuidar, a ser obedientes, delicadas, etc… Cuando comenzamos una relación de pareja muchos hombres reproducimos tales actitudes. Por su parte las mujeres suelen adoptar actitudes sumisas, cuidadosas, delicadas, anteponen los intereses de su pareja a los propios. Esto sucede de manera casi automática, es lo que se nos muestra a diario a través del ejemplo que vemos en nuestros amigos, amigas, en parejas adultas de nuestra familia y entorno, en películas, temas musicales…, por tanto es lo que vemos como “normal”.
En una pareja que se base en estos papeles y actitudes diferenciadas según el género, las actividades de estudio, domésticas, de ocio y tiempo libre…se repartirán de manera machista, pues se le dará más valor al tiempo libre del hombre que al de la mujer. Con casi toda seguridad será la mujer la que se encargue de las tareas domésticas pues ese es “el papel” que una sociedad machista ha asignado a las mujeres.
En este tipo de relaciones la chica comienza a renunciar a su tiempo libre, a sus aficiones, a sus amistades, para atender las necesidades del chico y para incorporarse a sus círculos, ya sea de aficiones, amigos, familia etc… Esta situación es muy peligrosa pues puede derivar en relaciones tóxicas, e incluso en violencia de género.
Sin embargo, no todas las parejas funcionan de esta manera, lo cual es el mejor ejemplo de que se puede salir de las imposiciones sociales por razón de género y por tanto combatir la desigualdad y la violencia de género, construyendo relaciones igualitarias.
Nuestras vidas están conformadas por tres grandes círculos:
• “YO”: aquí se incluyen mis metas, mis aficiones, mi trabajo, mis gustos, mis amistades…
• “La Familia”: aquí se incluye todo lo que tiene que ver con nuestra familia, no sólo sus componentes, madre, padre, abuelos y abuelas, primos…
• “La Pareja” aquí se encuentran nuestros planes juntos, el proyecto de vida que tenemos, nuestro espacio, el amor, el sexo, la intimidad, los sueños de dos. Es un espacio para dos. No debemos permitir que el círculo de la pareja sea el único y el que domine nuestra persona. Aseguraremos de mejor manera nuestra propia felicidad buscando el equilibrio entre los tres círculos.
Si conseguimos mantener esos tres círculos en equilibrio así como tratarnos desde la equidad, desde la igualdad, dando el mismo valor y respeto a “las cosas” de cada quien, ya sea de nuestro novio o novia, habremos avanzado hacia una relación de pareja sana.
[1]Sin título

 

 

 

 

 

 

[1] https://tiempodemujer.wordpress.com/2011/06/10/los-tres-circulos/

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